Para suerte de la música cubana
y también de todos los melómanos de la mayor
de las Antillas (que somos muchos...), el acceso generalizado
a las nuevas tecnologías digitales (léase microcomputadoras,
grabadores de discos compactos, software para la creación
y edición de soportes musicales, etc.) ha posibilitado
la expansión a gran escala de una filosofía
muy cercana a uno de los estandartes de la movida indie desde
hace bastante tiempo: Do it yourself o Hazlo tú mismo,
invitación a tomar las riendas del carruaje e ir hacia
la montaña cuando esta no viene a ti. Invitación
que genera la policromía y también la dispersión
cualitativa, hay que reconocerlo, pero que se convierte en
testimonio fiel de los tiempos que corren y que constituye
una de las evidencias más sólidas del desarrollo
musical de una nación y de sus diferentes generaciones.
Cualquiera tiene ahora, por joven que sea, una maqueta
o grabación en un miniestudio casero (o durante un
ensayo o concierto), que le posibilite darse a conocer fuera
de su radio de acción más cercano, llegar
a los medios de difusión o servir de material de
estudio e investigación para los historiadores e
investigadores que, a fin de cuentas, son los encargados
de trasmitir de generación en generación,
las características, sucesos y peculiaridades de
lo que ocurre ante nuestros ojos cada día. De no
ser así, sería olvidado o alimentaría
la (casi siempre) alterada visión nostálgica
de cada cual.
Dentro de toda esta avalancha de grabaciones de procedencia
no oficial (por decirlo de algún modo…), no
exagero si digo que el rock lleva las de ganar debido a
la permanente apatía y (casi) eterna indisposición
de los sellos discográficos cubanos a abrir sus puertas
de par en par a las bandas rockeras del patio y a diseñar
para ello estrategias comerciales que permitan hacer solventes
las producciones nacionales del género dentro de
un contexto cultural-comercial no favorable.
Esta suerte de producciones independientes (como prefiero
llamarlas...) enfatizan aún más la definición
de industria demográfica alternativa como término
para definir a la perfección el devenir de la música
en este país en los últimos tres lustros,
pues han sido y son las demo-tapes o simplemente demos (cintas
demostrativas,convertidas con el desarrollo tecnológico
en demo CDs), las que han marcado el registro sonoro cubano
en todo el período, al menos dentro del amplio diapasón
de géneros que me gusta definir como La Otra Música
Cubana. Y no es de extrañar que cualquier agrupación
de estas modalidades posea una cantidad notable de grabaciones
(ejemplos sobran…), que pululan de mano en mano por
todo el archipiélago y llegan a la gente a través
de promotores, determinados espacios radiales y los propios
músicos, en una suerte de engranaje promocional muchas
veces más eficiente que los propios canales existentes
y establecidos.
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Dentro de las bandas que mayor actividad han tenido en
este sentido en los últimos cinco años hay
que mencionar a C-Men, un grupo salido de las cenizas de
otro llamado K Punto K (ambos nombres muy sugerentes, ¿no?...)
en la bella ciudad de Santa Clara, durante el verano del
año 2000. La alineación original incluyó
a dos miembros de K Punto K (el guitarrista y director Manuel
Varela, y el batería Elio Pablo Martínez)
junto a otros con experiencia en diferentes agrupaciones
rockeras (el también guitarrista Abel Oliva y Julio
Morales en la guitarra bajo) y el vocalista Alan Baeza;
esto dio como resultado el primer demo Shockin´ a
mediados de 2001 donde también participó el
vocalista Conrado Martínez, a la postre sustituto
de Baeza.En el año 2003 el grupo asimiló nuevos
integrantes e introdujo dentro de su concepto sonoro elementos
latinos con la incorporación de la percusión
menor, aunque posteriormente regresaron al formato clásico
de voz, guitarra, bajo y batería. De todo ello, de
su música e incluso de una galería de imágenes
(algunas de las cuales son responsabilidad del autor de
estas líneas, aunque no se me acredite como tal…)
y vídeos de algunas de sus presentaciones en directo,
trata Four Years Of Hard Work, el primer Enhanced CD o CD
multimedia en la historia del rock cubano, mérito
con el cual pasará a la historia del desarrollo del
género en la mayor de las Antillas.
Diseñado con una sugerente y divertida presentación,
y con opciones interactivas para el usuario (biografía
en español e inglés, portadas y créditos
de sus grabaciones, textos de sus canciones, contactos),
es un material que resume los primeros años de la
banda con cuatro grabaciones editadas: Shockin´ (propuesta
inicial guitarrera en la cuerda del nu metal con dosis de
hip-hop y funk que le granjeó simpatizantes y gran
repercusión por su tema “Painkiller”,
incluido en el CD recopilatorio Territorio Libre editado
de conjunto por la EGREM y la AHS a mediados de 2003), Nikcohs
demomix (especie de reconstrucción de su primera
maqueta en una cuerda tecno/electrónica editada en
el 2002, a tono con las variantes de moda dentro del rock
actual y la música de baile, realmente poco que ver
con la grabación inicial y quizás como proyecto
exploratorio de nuevos horizontes), Live, drink, don´t
rest (a inicios de 2004 y retomando la energía de
las guitarras soportadas por la percusión latina)
y Mixing your reality (también en ese año
y otro regreso a las máquinas y a la tecnología
siguiendo las pautas del tecno/industrial).
Aunque musicalmente la obra de C-Men posee (como la de
todos…) momentos de mayor brillo y otros menos luminosos,
pienso que lo mejor de Four Years… está en
el propio carácter de documento que en su conjunto
muestra la obra de una agrupación cubana que, a propósito,
practica una sonoridad del rock no muy habitual por nuestros
predios, agrupación que a su vez ha tenido una vida
bastante activa dentro de nuestra escena participando en
conciertos y festivales en varios lugares del país.
Ejemplo de hasta donde puede llegar la iniciativa individual
cuando se trabaja la promoción con ganas y tesón,
pensando además en el legado del que poco a poco
se va nutriendo la cultura insular.