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RÉPLICA
I: “FUCK TUS RAÍCES!!!!”
Por: Juan Carlos Torrente
Zona de Combate Zine
Combat Noise Banda |
En la actualidad el mundo está
cada vez más globalizado, más “occidental”
y en él van desapareciendo muchas de las tradiciones
que habían perdurado en la idiosincrasia popular
a través de los siglos… También
podemos decir que son escasos los países con
voluntad política para intentar frenar la invasión
cultural que se nos impone y que Cuba es ejemplo en
el rescate del folklore nacional.
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Sabemos que hasta ahora no hemos dicho algo
nuevo, pero consideramos necesario el comentario anterior
para fijar barricada ante los detractores del Metal hecho
en Cuba… jejejeje, no vaya a ser que a alguien diga
que tenemos diversionismo ideológico.
Como se sabe, nuestro país es ejemplo de resistencia
en ese sentido, pero cuidado… OJO con los extremistas…
OJO con los que excluyen otras culturas por considerarlas
“extranjerizantes” y no verlas como puentes para
hermanar pueblos. OJO con los oportunistas que pretenden encerrarnos
en la Gran Muralla de nuestra idiosincrasia para congraciarse
con el poder. OJO con los que proponen que nos lancemos dentro
de la fusión como única opción de supervivencia
para el Metal hecho en Cuba.
Sépase que NADIE NOS VA A CONFUNDIR con eso de que
no se nos va a respetar hasta que dejemos entrever una postura
tercermundista, basada en “nuestras raíces.”
NADIE NOS VA A CONFUNDIR con eso de que no tenemos identidad
y nos dejamos llevar por aires ajenos a “lo cubano”.
No estamos de acuerdo con los que pretenden enjuiciarnos como
a un grupo social que ha renunciado a la cubanía y
a nuestra cultura, ¿y saben por qué? Porque
lo que nos hace cubanos, además de haber nacido aquí
y tener la “ciudadanía,” son otras cualidades
no menos importantes que nuestro gusto por la música
y la forma de vestir. Hay tantas maneras de ser cubano como
habitantes tiene la isla y a los metaleros nacidos en la mayor
de las antillas nos gusta el arroz moro, los plátanos
hecho tostones y la yuca con mojo; nos gusta jugar al taco
en la calle e ir a la playa, tenemos nuestro equipo favorito
en el béisbol nacional, nos tomamos las cosas con calma,
somos machistas, alegres, buenos bailadores, nos gusta jugar
al dominó y estamos orgullosos de nuestra historia
patria… ¡hasta de Elpidio Valdés! Los metaleros
nacionales también hacemos cola, cogemos camello y
tenemos una libreta de abastecimiento; sufrimos los efectos
del Bloqueo, tenemos el acento nacional y el 99% no hemos
salido del país… No se puede reducir el “sentirse
cubano” a las preferencias musicales sin ser EXTREMISTA
y SUPERFICIAL.
El tema de nuestras raíces funciona para algunos artistas
y para otros no. Recuérdese que a las generaciones
criadas después del 59 se nos educó partiendo
de una cultura con características universales. Nos
enseñaron que la religión es el “opio
de la humanidad” y la superstición una debilidad
intelectual. ¿Por qué tengo, entonces, que usar
collares de santos si es una creencia o una moda que nada
tienen que ver conmigo? ¿Por qué invocar en
mis letras La Palabra de Ifá, si no la creo? No tenemos
nada en contra del que lo haga, pero ¿por qué
incluir elementos afros en mi música, si mi cuerpo
se queda paralizado ante al toque del batá? ¿Por
qué cantar en un dialecto africano que me suena tan
grotesco al oído? En mi hogar no hubo santabárbaras
ni guerreros, nunca hubo un elegguá correteando invisible
y menos aún la imagen de un “Cristo” traído
por mis ancestros de España para someter a los primeros
cubanos. ¿…Por qué ahora? De guiarme por
los que nos inducen a buscar “nuestras raíces”
en la creación artística, ¿no estaría
asumiendo una actitud esnobista? ¿No estaría
dejando de ser auténtico para convertirme en un oportunista?
Cuando hablamos de buscar nuestras raíces, no solo
son las tumbadoras y el batá, también pueden
estar elementos mezclados de las otras culturas que han influido
a la nuestra (Conferencia-coloquio… “Punto Ge
#5”) Y bien, a pesar de la presencia China por más
de doscientos años en Cuba y de haber tenido a dos
músicos de ojos rasgados en Combat Noise, al igual
que la mayoría de los cubanos, soy incapaz de hacer
música asiática. Simplemente, no me nace. Ni
siquiera de pequeño me interesé por las artes
marciales y no puedo comer arroz con palitos. Entonces ¿por
qué tengo que utilizar flautas de bambú y una
melodía japonesa si no me identifico con esas culturas?
Tampoco vivo en la costa sur oriental por lo que no crecí
bajo ningún tipo de influencia caribeña (Haití,
Puerto Rico, Santo Domingo, Jamaica, etc.) Ninguna, pero lo
que se dice ninguna, ¡no me gusta ni fumar marihuana!
¿Por qué tengo que –musicalmente hablando--
acudir a la tumba francesa, a un calipso o a un reggae? No
decimos que no se pueda hacer, pero ¿por qué
no ver con buenos ojos a una banda santiaguera que en sus
letras aborda temas de la cultura universal, argumentos que
por demás son patrimonio de la humanidad?
Otra de las posibilidades que nos dan los
defensores de nuestras raíces para que seamos “más
cubanos”, es la de tener en cuenta los más de
cincuenta años de ingerencia neolocolonial norteamericana…
pero ni el charlestón, ni el jazz me gustan…
¡Ni siquiera simpatizo con la música country
o el blues! Los veo tan lejanos en el tiempo y tan distantes
en el espacio como la polca, el vals o la balalaica.
También hay quienes llaman la atención sobre
la ocupación de La Habana por los ingleses y que duró
once meses por allá por el siglo XVIII. Dicen que los
casacas rojas habían aportado su granito a nuestra
cultura, que a lo mejor de ahí era que le venía
el Rock a los rockeros… ¡Por favor! ¡Hasta
dónde la histeria con las Fucking Raíces!
El Rock, primero que todo, NO ES MÚSICA CUBANA. Aunque
sea hecho en la Isla no tiene que ver con el son, el guaguancó,
la conga o la guaracha. Estos ritmos tienen sus particularidades,
sus tumbaos. En ellos se escucha la clave cubana, la clave
del guaguancó y la sincopa… Eso es “música
Cubana”.
Así mismo, aunque sea de factura nacional, el latin
jazz tampoco es “música cubana”; ese género
es el producto de la fusión de ritmos cubanos, etc.
con el Jazz norteamericano. Una samba es música brasileña
aunque la hagan Los Van Van. El ejemplo más ilustrativo
es el de La Orquesta de la Luz, que es nipona y hace “música
cubana”. ¿O… hacen salsa japonesa? De igual
forma consideramos ridículo decir que lo que hace a
un cubano “más cubano” es precisamente
el hecho de gustarle la timba. Porque, ¿a cuantos alemanes,
por ejemplo, les gusta el reguetón o la salsa…y
NO son caribeños?
Por demás, el Metal tampoco es música cubana.
El público que eligió ir al “Caimán
Rock” fue a ver y a escuchar Metal. Si esa noche hubiese
querido disfrutar de la música cubana de seguro habría
ido a otro lugar, que para eso no faltan opciones.
Lo que hacemos las bandas metaleras de la isla es METAL HECHO
EN CUBA. Ni siquiera puede llamarse METAL CUBANO, porque salvo
una o dos excepciones, la totalidad de las bandas nacionales
basamos nuestra música en patrones anglófonos.
¡Así que basta de engañarnos y darnos
el estatus que no tenemos para que otros nos miren con buenos
ojos!
Aún así, pensamos que el Metal puede mezclarse
con otros géneros musicales. Esa es una opción
que consideramos válida y que a algunos grupos le funciona
(jejeje… ¿ven? ¡Y todavía nos llaman
radicales!) Decimos esto, porque independientemente de que
a unos les guste o no, cada agrupación debe de tener
la opción de hacer su trabajo como estime conveniente.
Cabría entonces preguntarse: ¿El Metal que se
hace en Cuba no tiene identidad? ¿No tenemos “raíces”
los músicos metaleros de la isla?
Primero, que se sepa que nuestra bandera musical está
respaldada por una actitud ante la vida. Que ésta es
rebelde e irreverente, de rompimiento con los prejuicios morales
y sociales que limitan la libertad del grupo o del individuo.
La pujanza ante las normas obsoletas que se nos quiere imponer…
es nuestra columna vertebral; la “cualidad” que
nos distingue de los músicos de otros géneros.
El Metal, a nivel internacional, es el reflejo de una actitud
insumisa ante la tiranía de gobiernos corruptos y policías
represivos, frente a unos padres conservadores; es la respuesta
ante unos maestros abusadores y retrógrados, es la
necesidad de hablar de temas prohibidos con naturalidad y
de mencionar lo feo, porque existe. De ahí su carácter
vanguardista y revolucionario. Somos herederos de la actitud
de Elvis en los cincuenta, de los Stones en los sesenta, de
Hendrix y el movimiento hippie en sus comienzos; de los AC/DC…
de los Ramones y Agnostic Front en los ochenta; somos los
metaleros, hardcoreros y punkies de la actualidad… Una
actitud que nació en el mundo anglosajón pero
que ahora es puño erguido de un sector de la juventud
mundial. ¡Esas son Nuestras Raíces Filosóficas!
Nuestra inspiración musical viene de bandas como Judas
Priest, Black Sabbath, Manowar, Testament, Venom… Y
tantas de tantas agrupaciones con las que crecimos y se formó
nuestra personalidad como músicos y como personas.
Sépase que la posición
de los metaleros con respecto a la música no
es la convencional, por eso hay tanta gente que no
nos entiende. La música nos gusta no solo por
su calidad, complejidad armónica o el virtuosismo
de sus intérpretes, sino por lo hondo que nos
llega. Para nosotros eso es lo que más peso
tiene. No presumimos de un “falso nivel”
cultural, nos gustan más los Escape y los Eskoria
que Chucho Valdés o Frank Fernández…
y no nos avergüenza decirlo. Sabemos que para
un jazzista o un pseudo roquero esto es inconcebible,
¡y ahí es donde está la diferencia!
Actitud man... ACTITUD. Esa es la palabra clave.
Así mismo el interés de las bandas nacionales
de Metal no es cambiar y asumir unas raíces
que no tenemos para lograr un contrato que nos haga
ricos y famosos o que nos lleve de gira por el extranjero
(de ahí que las producciones undergrounds sean
tan reivindicativas) y si bien es cierto que hay grupos
que se dejan llevar por esos aires de grandeza, hay
bandas que pensamos muy diferente y un público
que lo valora y reconoce.
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No hace mucho un amigo de la radio me decía
que en el mundo del Metal, como en el de otros géneros
musicales, las disqueras ven “dólares andando”;
solo eso. Y me apuntaba esto refiriéndose a la ganancia
que todo negociante quiere obtener con los productos que comercializa.
De ahí la necesidad, decía él, de que
las bandas nacionales deban apostar más en función
de un mercado, o sea, trabajar con nuestras raíces
para lograr un puesto en esas compañías o el
reconocimiento social (léase también el internacional)
que tanto necesita el Metal hecho en Cuba. Decía que
La música es una sola, se lleva a un pentagrama y ahí
se escriben el ritmo y la melodía, que solo hay música
buena y música mala… Y estamos de acuerdo, solo
que preferimos decir: Hay música que nos gusta y música
que No nos gusta. Los metaleros optamos por la música
que nos llega al alma, la que nos sale del corazón…
Lo demás no es desechable, pero es matemática.
El colega también señalaba que la música
es un negocio como otro cualquiera y que los metaleros no
“sabíamos vendernos”. Y bueno, claro que
nos gustaría ganar muchos CUC con nuestro trabajo,
pero hay principios que no se negocian. Recordemos al cubanísimo
Eduardo Chivás cuando decía: Vergüenza
contra dinero. Téngase eso presente, muy presente;
porque hay casos en los que ser ortodoxo, radical o como quieran
llamarnos, es sinónimo de incorruptibilidad y de virtud
espiritual.
No hace mucho en el programa de radio Sabarock se le cuestionó
a Juan Camacho --que se reconoce un fan a Deep Purple-- el
por qué siempre se sintió identificado con una
música que no responde a la idiosincrasia del cubano…
(¡Vaya preguntica!) Y él respondió: En
un momento determinado el Rock me salvó de una música
que no me entraba, me refiero al Mozambique, y fue un momento
en que hubo una gran cantidad de gente que sí seguía
este ritmo. Hay cosas que tienen un “toque misterioso
en uno” y cosas que uno no soporta escuchar. Cuando
se dan estas cosas en demasía (se refiere a las que
no soporta escuchar) uno busca lo contrario.
Señores, reléase esto: “el Rock me salvó
de una música que no me entraba.” --!!!!-- Sin
más ni menos… Esa oración vale por todo
este artículo.
Juan Carlos Torrente.
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